• Um dia, um rio

    • Editora Pulo do Gato
    • Autor(a) Leo Cunha
    • Ilustrador(a) André Neves
    • Premiação Prêmio FNLIJ 2017 Poesia "Hors-Concours"
Quinta, 26 Outubro 2017 15:04

Angela Lago – o carinho dos colombianos

Angela Lago partiu no domingo e a repercussão de sua perda na Colômbia foi e está sendo muito sentida, em mais uma demonstração dos fortes laços que unem os dois países, dentre os quais se sobressai a literatura infantil e juvenil. Lá ela fez muitos amigos e conquistou admiradores de seu trabalho, como é possível ver nos depoimentos abaixo. Eles contam sobre a importância da arte de Angela na vida de cada um que a conheceu e de sua disponibilidade para ensinar.

Edição de 1990 da revista La Lleva, da ACLIJ, com ilustração de Angela Lago

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Edição de 1990 da revista La Lleva, da ACLIJ, com ilustração de Angela Lago

Silvia Castrillón, a maior divulgadora da LIJ brasileira em seu país, logo que recebeu da FNLIJ a notícia do falecimento de Angela passou um e-mail a todos os membros da recém-criada Asociación Colombiana de Literatura Infantil y Juvenil/ACLIJ. As manifestações chegavam ao longo do domingo e continuam chegando. Conforme recebíamos as mensagens de resposta a Silvia, foi crescendo o desejo de partilhar cada uma delas, o que fazemos agora com os admiradores brasileiros de Angela.

 

Testemunhos dos amigos e admiradores colombianos sobre Angela Lago

 

22/10/17

De: Silvia Castrillon

Para: ACLIJ

Queridos compañeros de la Asociación Colombiana de Literatura Infantil y Juvenil:

Me acaban de anunciar de Brasil la muerte, esta mañana de Angela Lago. Para los más jóvenes y que tal vez no la conozcan, en mi opinión Angela fue una de las ilustradoras-autoras más importantes de Brasil, curiosamente no ganó el Andersen, pero tan merecedora de este premio como los mejores.

Creadora e innovadora como ninguno, siempre investigando sobre su arte y con una reflexión bastante sólida.  

En español tenemos: De noche en la calle de Ekaré, Yendo a no sé dónde a buscar no se qué de Babel y Juan Felizario Contento de FCE. También ilustró Lucas y el ruiseñor de Antonio Ventura, de Ekaré.

Fue invitada por la revista “La Lleva”, de ACLIJ en 1990, dedicada a Brasil. Les envío una foto. 

Estuvo varias veces en Colombia.

Deberíamos rendirle un homenaje,

Silvia Castrillon

Presidenta

 

De: María Fernanda Paz Castillo

Conocí a Angela Lago en el Banco del Libro hace más de 16 o 17 años. Ekaré recién publicaba “De noche en la calle” y estábamos todos maravillados con su trabajo en papel y en digital: mirábamos mucho su web y sus propuestas digitales. Por entonces era una de las pocas ilustradoras que pensaba en el tema. Luego nos encontramos en Bogotá, en Santiago durante aquel terremoto que todavía recordamos. Alguna vez la ayudé con una traducción de un texto que leería... Hablamos de hacer algo juntas, otra vez de traducir algún libro....  Los libros para niños le deben mucho y sé que en años venideros eso será más claro todavía que hoy: sus aportes en la concepción del libro como un todo fueron pioneros en América Latina.

La admiré y admiro como persona y como profesional. Siempre tuve la sensación de que físicamente era muy frágil pero con una fuerza interna descomunal.

El trabajo de Angela Lago merece un estudio serio y su divulgación.... 

 

De: Rafael Yockteng

Recuerdo cuando la conocí en una charla que dio en el 2000 en Cartagena en el congreso de la Ibby, estaba empezando a trabajar como ilustrador y fue motivo para seguir ilustrando.

Gracias Silvia por informarnos y gracias a ella por tantos años.

 

De: Jairo Buitrago

La conocí en Bogotá, luego la vi dos veces más en Río y en  Guadalajara. Siempre amable y sonriente conmigo. Hablamos de su Cântico dos Cânticos (El cantar de cantares). 

 

De: Alekos

Se me pierde en la noche de los tiempos el momento en el que conocí a Angela Lago. Recuerdo su dulzura y su alegría. Una vez tomé un taller que ella impartía. Era inusitado porque el reto era solucionar la zona del centro, cuando la ilustración ocupa las dos páginas. Nos rompimos la cabeza, pero aprendimos. Años después en Barcelona tomando otros talleres de ilustración, discutía con las maestras acerca del tema y recodaba lo importante de aquel taller. 

De allí en adelante supe de ella más por sus libros, que por otros conductos. Sus exploraciones técnicas, textuales y de composición, siempre fueron un punto de llegada y de partida. Por suerte este oficio nos permite dejar herencia sin tener que hacer testamento y la herencia de Angela Lago es fértil y generosa. 

 

De: Enrique Lara

Conocí a Angela a través de sus libros y un par de veces hablé con ella.

El primer libro suyo que leí fue “De noche en la calle”; esta lectura transformó muchas cosas en mi interior. Luego vi, el fantástico y celestial “Cantar de los cantares”, entonces entendí que estaba enamorado. Esto lo confirmé con claridad en cuanto la escuche hablar en su cristalino portuñol, aquí en Bogotá en una de sus múltiples visitas. 

“No tengo un estilo definido, quizás eso se debe a mi falta de personalidad”, la escuche decir entre risas. Luego de la charla, que habría deseado se extendiera por horas, ella se fue caminando lentamente y me sorprendió pensar que esa persona menuda con tal apariencia de fragilidad tuviera una fuerza y un poder tan grande como para hacer aquellos magníficos libros. Entonces pensé que se trataba de un pajarillo, un ruiseñor, cuyo pequeño tamaño contrasta con el poder de su canto o como una flor de páramo que, pese a ser pequeña, es un diminuto tesoro que encuentran los insectos, un oasis en medio de la nada. Pero se trataba de una flor con tal fortaleza que podía soportar las gélidas temperaturas en las noches, los vientos que cortan como cuchillas y el sol que quema a su paso. 

Todo eso y mucha magia es ella en sus libros, pero era aún más en sus conversaciones, como persona. A menudo citaba poesías diferentes y variadas, que parecían llenarse con la aterciopelada música de su voz y su encantadora mirada. 

Recuerdo cuando llevé mi colección de libros suyos y le pedí con timidez que me firmará uno solo, el que ella escogiera, y entonces escogió “Chiquita bandida y otras diablitas” (de hecho, apodé “Chiquita Bandida” a Pindulí, una de mis gatas); me dijo que escogía ese porque era como su casa y recordó que yo le había regalado el libro “Mi casa”  uno o dos años antes.

Mirando nuevamente sus libros, encuentro tanta diversidad, tanta riqueza como la hay en nuestras tierras tropicales y me quedo sin aliento, sorprendido ante tanta variedad. 

Angela, una autora universal; profunda en su trabajo, en sus procesos, en cada paso que daba, y que sorprende por esa vitalidad que expresa, renovándose, siempre cambiante, siempre variable como mariposa o colibrí, ave del paraíso que embruja con un nuevo canto de sirena, de aquí para allá, vuela libre con el viento y siento adentro que por fin llegó a esa casa anhelada, en donde no hay puertas y en donde encuentra expuestas todas las páginas de todos los libros y de todas las vidas que quiso vivir. 

Por mi parte, no puedo evitar las lágrimas de haberla perdido en esta tierra, pero me queda la alegría de reencontrarla cada vez que veo nuevamente uno de sus libros y sé que en donde está, en su viaje final, ella hace honor a su nombre. 

 

De: María Osorio   

Conocí a Angela Lago en el mismo tiempo lejano del que habla Alekos, en ese seminario del que habla Silvia en Aclij. En ese tiempo todavía tenía la peregrina idea de convertirme en ilustradora, haberla conocido marcó mi trabajo en adelante. Me hizo entender que los límites los ponemos nosotros, que el espacio creativo es sobre todo un espacio para la reflexión. Así que desde ese remoto momento me dediqué a estudiar su trabajo a buscar cada uno de sus libros para verla experimentar con la tridimensionalidad de la página, con la transparencia del papel, con el empate de las dobles páginas, con la orientación del libro, con el dibujo digital –en tiempos en que parecía posible hacer cualquier cosa con las máquinas distinto de dibujar–, con las diferentes maneras de dibujar, de usar el color, las técnicas y la palabra para hacernos comprender que el espacio del libro no tenía límites. Angela fue una de las creadoras más libres y creativas que tuve el honor de conocer. 

 

De: Silvia Castrillón

Angela Lago fue una persona muy importante para el desarrollo de la LIJ colombiana. Al finalizar la década de los 80 fue invitada por la primera ACLIJ para hacer en Bogotá un taller –con el patrocinio de la IBBY y de UNESCO– para la creación de libros infantiles y juveniles. Fue un momento en el que arrancó la creación y producción de libros infantiles creados y editados en Colombia. En este taller Angela estuvo acompañada por Verónica Uribe, editora chilena y Gemma Lienas, autora española. En ese entonces nos contó que trabajaba durante varios años en cada libro que hacía, estudiando cuidadosamente cada idea. Cada vez que se sentaba a dibujar –decía– dejaba que su corazón decidiera cómo llenar el papel de personajes, colores y ángulos fascinantes. 

Pero no sólo trabajaba con el corazón y con las manos, cada obra era pensada cuidadosamente, y pensaba en todo. Las limitaciones del papel, de la tinta, de la encuadernación, se convertían para ella en desafíos que superaba de manera admirable, por ejemplo, un papel traslúcido se convertía en la posibilidad de hacer juegos de sombras con las transparencias.

Fue la primera persona que vi usar para su creación el computador, una vez en su casa en la pantalla gigante en la que trabajaba presencié parte del desarrollo del libro Psique que relata el mito de Eros y Psique, me fascinó la manera en que usaba la fotografía, para un episodio, la fotografía famosa de la niña vietnamita huyendo aterrorizada del napalm. En el resultado final puede pasar desapercibido este detalle, pero uno sabía que detrás había una búsqueda en la que relacionaba todo con todo. Siempre pensaba más allá de la página.

Angela nos visitó en varias ocasiones, para mi fue un referente fundamental de la ilustración en América Latina y en el mundo. 

Parte de su reflexión presentada en conferencias en diversos momentos en Bogotá.  Transcribo algunas de sus palabras

“el puente entre la intención, la consciencia del ilustrador y el acto es muchas veces tan frágil como el puente hecho de cuerdas y bambú en la películas de aventuras. La posibilidad de caer en aguas desconocidas está siempre presente. [...]

Entraremos en el libro por la puerta del fondo, sin saber a ciencia cierta en qué rincón oscuro o en qué sótano iremos a caer. [...] de hecho el texto literario ya existe sin la ilustración. En realidad él no necesita de ella. Esto es un gran lujo para el ilustrador: no ser la primera necesidad, la ilustración es gratuita.

Esta gratuidad, principio de arte, reivindicada también por Graciela Montes, es la que corre el riesgo de perderse ante las presiones del mercado. Pero Angela era implacable frente a ellas.

Angela, por lo general creaba todo el libro, texto e ilustración o ilustración sola. Algunos ejemplos de lo que decía sobre sus creaciones:

“En este libro Chiquita [lo mostraba] que yo misma escribí e ilustré, quería contar la historia con la imagen. Y quería que el texto ilustrase como una música de fondo [hay que decir también que Angela tocaba para ella sola el contrabajo]. Hasta los nombres de los personajes fueron escogidos para sonar como sonidos musicales: Taquetaque, Tiquetique, Triquetrique, Xiquexiqye y Chiquita.

En este, Su alteza Divina hecho con un pequeño microcomputador [nótese que este taller fue en octubre de 1990], busco rechazar la división entre texto y dibujo. Este es un cuento folclórico y quería recuperar un poco la emoción de la narración oral”.

Pero ella no sólo hablaba de sus obras, mejor, hablaba poco de ellas. Había creado una especie de “gramática de la ilustración” y tenía una importante reflexión sobre la mirada del niño a la que respetaba de tal manera que nunca pensó en imitar.

Decía que hablaba portuñol y españez, que de niña había sido tartamuda, disléxica y muy tímida y que tal vez por eso se expresaba con la ilustración.

La verdad es que su relación con el lenguaje era bastante profunda, lectora incansable de poesía, admiradora de Emily Dickinson (hizo un libro con sus poemas). La última vez que la vi, en una librería en Obidos, Portugal, me recomendó leer los poemas de Herberto Helder. No lo he hecho. Lo haré en su honor.